Excursiones

La privilegiada situación de San Vicente de la Barquera permite a sus visitantes el realizar atractivas excursiones en un corto recorrido. A unos 30 kilómetros se encuentra la villa medieval de Santillana del Mar, con destacados monumentos románicos y sus cuevas prehistóricas de Altamira. En el camino se encuentra la villa de Comillas, en donde también se deben admirar sus importantes monumentos, como El Capricho de Gaudí, el Palacio de Sobrellano y la Universidad Pontificia.

Otra visita obligada es la del Parque Nacional de los Picos de Europa, atravesando el impresionante desfiladero de La Hermida, para llegar a las cumbres montañosas por medio del teleférico de Fuente Dé. En el valle de Liébana se puede contemplar el conjuntos histórico de Potes, el Monasterio de Santo Toribio y la Iglesia Mozárabe de Lebeña, entre otros tesoros arquitectónicos. También, hacia el interior, se puede recorrer la Reserva Natural del Saja, con el pueblo de Bárcena Mayor como lugar más interesante, y pasar al Valle del Nansa para visitar otros valiosos conjuntos, como son los pueblos de Carmona, Tudanca, Cosío, etc.

Finalmente, Santander, capital de la Comunidad Autónoma, o el Parque de la Naturaleza de Cabárceno, son dos lugares de gran interés para el visitante.

Santillana del Mar es sin lugar a dudas una de las localidades de mayor valor histórico-artístico de España, hasta el punto de que todo en ella es monumental.

Hablar de Santillana del Mar es hacerlo también de las Cuevas de Altamira. Calificada como la “capilla sixtina” del arte rupestre, esta cueva contiene probablemente las pinturas prehistóricas más famosas del mundo.

Pero aunque parte fundamental, Santillana del Mar es mucho más que las Cuevas de Altamira. Ya en el siglo IX existía en la villa el Monasterio de Santa Juliana, que daría paso a la prestigiosa colegiata de Santa Juliana en el siglo XII, el primero y más importante de los exponentes del arte románico en Cantabria.

Las torres de Merino y Don Borja (hoy sede de la Fundación Santillana) figuran entre las construcciones civiles más antiguas de una localidad empedrada que es imprescindible recorrer a pie para admirar en toda su plenitud la belleza de sus calles y edificaciones medievales. Nos encontraremos así frente a espléndidos edificios como las casas del Águila y la Parra (donde el Gobierno Regional ha instalado una sala de exposiciones), el palacio y la torre de Velarde, la casa de Leonor de la Vega, los palacios de Barreda, Tagle y Villa, y un larguísimo etcétera que sería demasiado extenso enumerar.

La naturaleza ha sido también generosa con este municipio, que disfruta de una magnífica costa que invita a la pesca y de las tranquilas playas de Santa Juliana y Ubiarco. En las inmediaciones de la capital nos encontramos además con un coqueto parque zoológico que hace las delicias de grandes y pequeños.

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La villa, declarada conjunto histórico-artístico, constituye un pequeño núcleo de población de carácter entre aristocrático y rural, con una excelente arquitectura popular del s. XVIII y casonas solariegas blasonadas.

Comillas dio cinco prelados que ocuparon diócesis en los s. XVII y XVIII, esto le dio el apelativo de “Villa de los Arzobispos”. En la villa, con más plazas y plazuelas que calles, un paseo por sus rincones empedrados produce una sensación de sosiego, una especie de deseo de vida apacible, lenta y sin agobios.

Centra el casco urbano La Plaza, con el Ayuntamiento y la iglesia parroquial de San Cristóbal, creando un ambiente sugestivo con bellas casonas porticadas llenas de miradores acristalados. Por un ángulo se entra en el Corro de Campíos, con seculares castaños y terrazas de bares muy concurridos en la temporada estival, más allá la plazuela de los Tres Caños con su torre y casona solariega blasonada da una nota histórica, destaca la fuente pública obra de Doménech. Con la calle de los Arzobispos y la plaza de San Pedro, se completa una trama urbana que junto a extensos parques y jardines que rodean numerosos palacios, queda perfectamente armonizado con un carácter homogéneo, sencillo y singular, que fusiona con el modernismo de final del s. XIX.

La Comillas monumental se levanta bajo el mecenazgo de D. Antonio López y López, primer Marqués de Comillas, quien valoró con sus fundaciones el interés del bello pueblo montañés. Los más importantes representantes del Modernismo Catalán, dejaron sus manifestaciones artísticas convirtiendo a la villa en poseedora de un conjunto de impresionante belleza. Comillas se convierte en centro veraniego de turismo y uno de los preferidos por la vieja aristocracia que la descubrió con motivo de la estancia estival del rey Alfonso XII en 1881. Poco después, en 1885 nacía en la villa Jesús Cancio “el poeta del mar”.

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Rodeada por altas montañas, Liébana tiene un gran valor paisajístico, y está favorecida por un microclima benévolo. Es un lugar tradicional para el turismo rural, atractivo por el carácter auténtico que han sabido conservar sus núcleos de población. Liébana está dividida en varios valles, de los que el más poblado es el de Val de Baró, en cuyo extremo superior se encuentra la estación de montaña de Fuente Dé. Allí un teleférico salva casi mil metros de desnivel hasta el mirador del Cable, visita obligada para sentir cerca la grandiosidad de los Picos de Europa. Los numerosos hosteleros de la zona han sabido mantener la coherencia con las tradiciones lebaniegas.

Liébana es un lugar excelente para el disfrute de la naturaleza, a caballo entre la Reserva Nacional de Caza y el Parque Nacional de Picos de Europa, donde se encuentra el hábitat de diversas especies muy escasas, como el rebeco, el águila real, el urogallo o el oso. Predominan los bosques de roble, encina y haya. Los ríos, por su parte, tienen una gran fama truchera. Pistas forestales, caminos vecinales y una buena cantidad de senderos, algunos muy bien señalizados, son una invitación permanente al paseo y la caminata.

El patrimonio histórico-artístico, cuentas con elementos de gran interés, como la iglesia mozárabe de Lebeña, del siglo X, y el monasterio románico de Piasca, correspondiente al siglo XI. En el monasterio de Santo Toribio de Liébana se encuentra la reliquia del Lignum Crucis, el fragmento de mayor tamaño que se conserva de la Cruz de Jesucristo. El monasterio fue fundado sobre el monte Viorna en el siglo VI, aunque la actual iglesia corresponde al Siglo XIII. En este lugar, en el siglo VIII, vivió y escribió su obra Beato de Liébana, autor de los “Comentarios al Apocalipsis”, importante muestra del pensamiento medieval, y una auténtica joya artística por sus ilustraciones policromas. Santo Toribio es, junto con Jerusalén, Roma y Santiago de Compostela, uno de los cuatro lugares santos de peregrinación cristiana.

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Incluido en la Reserva del Saja, se integra en el espacio físico que le marcan el valle y el río y posee una inmensa riqueza forestal y paisajística.

Desempeñó un papel importante en la repoblación de Castilla, cuando respondía al nombre de “Kaórnica”.

En este municipio nacieron ilustres cántabros, como el poeta Manuel Llano y el naturalista Augusto González de Linares.

Desde el punto de vista artístico, por todo el valle se encuentran diseminados interesantes conjuntos de arquitectura popular y culta, aunque probablemente sea la arquitectura rural de Carmona y su parador (palacio de los Rubín de Celis), regentado por la Diputación Regional, su principal exponente. Otros conjuntos monumentales a destacar se encuentran en Renedo, Sopeña y Terán.

Cabuérniga se caracteriza por conservar las más ancestrales costumbres. Desde tiempos inmemoriales hasta nuestros días, el ganado tudanco continúa bajando año tras año cada otoño de los puertos a los invernales, dando lugar a la “pasá”. Con este nombre se conoce al desfile de los rebaños, que constituye en este municipio una fiesta por tolo lo alto.

Otra tradición que se mantiene viva en este municipio es la artesanía de la madera y, en particular, la fabricación de albarcas en Carmona.

Para disfrutar plenamente de los atributos propios del valle de Cabuérniga conviene no perderse la imponente panorámica desde la collada de Carmona, los cotos de pesca en el río Saja, los parajes de la Reserva Nacional del Saja y el deporte de los bolos.

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Santander combina un entorno urbano con lo esencial de Cantabria: playas, paisaje, naturaleza, gastronomía y cultura. La ciudad se ordena en torno a un gran puerto natural, utilizado desde antes del imperio romano. El entorno paisajístico es privilegiado, con amplios espacios verdes y playas, destacando la zona de Mataleñas, Sardinero y La Magdalena, donde tuvo su residencia estival Alfonso XIII. A poca distancia de la ciudad se encuentran la ribera sur de la bahía y la franja costera que llega hasta la desembocadura del río Pas, con algunas de las mejores playas de la región, muy utilizadas en verano pero que, para quienes acierten a encontrarse en la zona en los primeros días de la temporada playera (mayo y junio) estarán prácticamente desiertas.

La costa situada al norte de la ciudad, recientemente convertida en parque natural, es escarpada y rocosa. En ella se concentran, en las épocas de migración, numerosos aficionados para observar las aves de paso. A escasos kilómetros se encuentra el Parque Natural de las Dunas de Liencres, el sistema dunar más extenso de todo el litoral cantábrico. Al sur de la bahía está el Parque de Peña Cabarga, cuya cumbre ofrece una impresionante panorámica de casi toda Cantabria. En sus faldas se encuentra el Parque de la Naturaleza de Cabárceno, el zoológico más extenso de Europa, donde se pueden observar tigres, elefantes, jirafas, hipopótamos, etc., en recintos tan grandes que parecen estar en libertad.

Santander conserva muy poco de su casco viejo, destruido en 1941 por un incendio que alcanzó incluso a su catedral. El templo, hoy totalmente restaurado, de un estilo gótico caracterizado por su austeridad, se encuentra en un lugar elevado que en la antigüedad fue la entrada del puerto, construido sobre las ruinas de un asentamiento romano preexistente, cuyos restos se observan en la capilla románica del Santo Cristo.

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El espectacular paisaje geológico del Karst de Cabárceno, situado en el sector occidental del macizo de Peña Cabarga y transformado desde 1989 en un extenso parque zoológico, se ha convertido en los últimos años en uno de los lugares de mayor atractivo turístico de Cantabria.

El Parque de la Naturaleza de Cabárceno forma parte de un espacio protegido más amplio: el Parque Natural de Peña Cabarga, que tiene una extensión de 25,8 kilómetros cuadrados y comprende la totalidad de este macizo montañoso que domina la bahía de Santander. El parque, habilitado como reserva animal, puede ser visitado detenidamente con gran comodidad, dado que cuenta con una densa red de pistas asfaltadas (17 kilómetros) que permiten recorrerlo íntegramente en coche. No obstante, recomendamos la práctica del senderismo.

Dentro del enorme recinto de Cabárceno existe una completa y variada representación de fauna, en la que obviamente no faltan algunos de los animales autóctonos de Cantabria: osos, lobos, ciervos, corzos, rebecos, jabalíes… Pero sin duda es la fauna exótica la protagonista del parque, donde se pueden contemplar elefantes, hipopótamos, tigres, leones, avestruces, hienas, jirafas, cebras, camellos, dromedarios, llamas, canguros, antílopes, rinoverontes, monos…

Cabárceno se caracteriza, frente a otros parques zoológicos, por los grande espacios con que cuentan los animales, lo que permite su desenvolvimiento y contemplación en un entorno más natural. Además dispone de varios lagos para la práctica de la pesca de truchas. Como complemento a sus instalaciones, existe un reptilarium con una especializada colección de serpientes.

El parque cuenta asimismo con miradores panorámicos, áreas de paseo, parque infantil, complejo hostelero, aparcamiento y tiendas de recuerdos.

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La Cueva del El Soplao, descubierta a principios del siglo XX con motivo de la explotación de las minas de La Florida, está considerada una de las grandes maravillas de la geología, atesorando un paraíso de estalactitas, estalagmitas, columnas…

Los científicos confirman que se trata de uno de los yacimientos de edad cretácica más importantes de Europa por su antigüedad, por sus dimensiones, por la aparición de ámbar de color azul púrpura y una amplia variedad de piezas de ámbar que contienen las bioinclusiones (insectos y otros artrópodos, telas de araña, hojas o pólenes).

La recreación de un tren minero traslada a los visitantes a través de la galería minera de La Isidra hasta la cueva dónde una vez dentro y en un recorrido de una hora se puede disfrutar de un circuito a pie lleno de luz y sonido.

El Soplao constituye un deleite para todo el que se acerque a visitarlo. Repleta de espectacularidad, abundancia y diversidad de formaciones que hacen de El Soplao una “cavidad única”.

Más información en https://www.elsoplao.es/

La Ferrería de Cades se ubica dentro de La Comarca Saja-Nansa, situada en la parte más occidental de Cantabria y limitando por el oriente con Asturias y al sur con Castilla y León.

En Saja-Nansa, en medio centenar de kilómetros, se pasa del nivel del mar a las cumbres más emblemáticas, donde, en una superficie de 930 kilómetros nos encontramos el Parque Natural Saja-Besaya, el Parque Natural de Oyambre y cuatro conjuntos histórico-artísticos: la Puebla Vieja, Bárcena Mayor, Carmona y Tudanca, ubicándose, además, en los límites de los Picos de Europa, lo que la convierte en una de las reservas paisajísticas y ecológicas más importantes de Europa.

Cantabria fue, en tiempos pasados, pionera en la instalación de la industria siderúrgica con la construcción de los hornos altos de Liérganes y La Cavada en el siglo XVII, aunque ya se tenía constancia de la existencia de ferrerías a principios del siglo XV, que transformaban el mineral de hierro que se traía de las minas, en lingotes para su posterior comercialización.

Los lugares donde se situaban estas industrias venían marcados por el agua y la masa forestal, porque funcionaban con energía hidráulica generada con el agua de los ríos y energía calorífica, obtenida del carbón vegetal hecho en los bosques.

Un aspecto a tener en cuenta en relación al trabajo en las ferrerías, es que su dependencia de la energía hidráulica hacía que la explotación fuese temporal, dependiendo del caudal de los ríos y la estacionalidad de las lluvias.

Habitualmente se trabajaba de octubre a junio, en los meses de forzosa inactividad se dedicaban a las reparaciones en presas, canal o maquinaria y también en acumular materias primas al pie de la instalación.

Dentro del valle del Nansa, nos encontramos la Ferrería de Cades, un ejemplo vivo de uno de los pocos ingenios hidráulicos que se conservan en la región. Esta edificación forma parte de un conjunto rural del siglo XVIII, se terminó de construir en 1752 siendo su propietario D. Francisco Antonio de Rábago, y consta, además de la propia ferrería de una casa principal blasonada, de una “panera” y dos molinos harineros.

La ferrería como tal, dejó de funcionar a principios del siglo XX y hoy la podemos visitar gracias a una cuidada restauración e intervención arquitectónica que además de no alterar estructuralmente el edificio, le retorna al estado primitivo y en la cual, los elementos incorporados se distinguen del soporte original.

Desde la Asociación de Desarrollo Rural Saja Nansa te invitamos a que vivas la experiencia de asomarte a otro tiempo a través de un recorrido por la Ferrería de Cades, descubriendo sus secretos, conociendo sus historias, o recorriendo el bosque de ribera que se encuentra más allá de sus paredes. Ven y disfrutarás de un lugar único.

Marzo, abril, mayo, junio, septiembre y octubre
Sábados: de 11:30 a 14:30 h. y de 16:30 a 19:30 h.
Domingos: de 11:30 a 14:30 h.
De martes a viernes: abierto para visitas concertadas a grupos, de 9:00 a 14:00 h.
Lunes y festivos: cerrado.
 
Julio, agosto y Semana Santa
De martes a sábado: de 11:30 a 14:30 y de 16:30 a 19:30 h.
Domingos: de 11:30 a 14:30 h.
Lunes: cerrado.
 
Enero, febrero, noviembre y diciembre
De lunes a viernes: sólo visitas para grupos con cita previa,  de 9:00 a 14:00 h.
VISITA GUIADA CON DEMOSTRACION DE FUNCIONAMIENTO
General: 5 €.
Reducida: 3 €.
Para grupos con un mínimo de 10 personas, jubilados, desempleados, estudiantes y niños hasta 14 años, previa presentación del carné.
Gratuita para niños menores de 5 años.
Grupos escolares: 2 €.
VISITA LIBRE
General: 3 €.
Reducida: 2 €.
Para grupos con un mínimo de 10 personas, jubilados, desempleados, estudiantes y niños hasta 14 años, previa presentación del carné.
Gratuita para niños menores de 5 años.
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